Luces y sombras del índice de masa corporal (IMC)

Luces y sombras del índice de masa corporal (IMC)

Vivimos en una sociedad en la que la imagen y el aspecto físico se han convertido en dos pilares esenciales. El culto al cuerpo y la búsqueda de un ideal de belleza a veces un tanto difuso rige la vida cotidiana de miles y miles de personas, llegando en algunos casos a determinarla de forma trágica. Es entonces cuando surgen desórdenes psicológicos y nutricionales como la anorexia, la bulimia, la vigorexia o la drunkorexia. Y es que la presión que los medios de comunicación o sectores como la moda y el star system ejercen en el establecimiento de un canon estético de referencia supone en muchos casos una tiranía no siempre fácil de gestionar.

En el otro plato de la balanza nos encontramos, sin embargo, con la noticia de que la obesidad está experimentando en la actualidad un alarmante progreso. En España, de hecho, más de un 53% de la población adulta sufre algún grado de sobrepeso u obesidad. Estados Unidos ha dejado de ser la patria única de la comida basura y los refrescos azucarados, cediendo el testigo a países europeos como el Reino Unido o incluso España.

Para tratar de establecer un umbral de referencia a la hora de valorar la salud general de las personas, se ha popularizado en las últimas décadas una fórmula matemática denominada índice de masa corporal (IMC). Ideada por el estadístico belga L. A. J. Quetelet, se calcula según la ecuación siguiente:

IMC= masa / estatura2

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Índice de masa corporal

El baremo de Quetelet establece entre 18,5 y 25 los límites de un peso saludable. Por debajo de este punto hablaríamos de delgadez excesiva o extrema y, por encima, de sobrepeso u obesidad. Estas cifras son usadas no solo por profesionales médicos en sus diagnósticos, sino también por promotores de eventos relacionados con la moda y la belleza. Para combatir la imagen de insalubridad transmitida por ciertas modelos en el pasado, se ha venido generalizando en las grandes pasarelas una criba de las participantes en función de su IMC. Éste se ha convertido también en el punto de partida de todo tratamiento de adelgazamiento. Antes de planificar un régimen de pérdida de peso y un programa de ejercicio acorde, es indispensable haber determinado previamente las necesidades del paciente en función a su estado físico.

Sin embargo, a pesar de contar con una amplia difusión, el IMC es en la actualidad un valor cuestionable (y cuestionado). Se ponen en tela de juicio no solo los umbrales que utiliza, sino la representatividad de la propia fórmula. En efecto, el índice de masa corporal presenta algunas lagunas nada despreciables. Este indicador de validez universal no permite diferenciar entre el volumen corporal asociado a la acumulación de lípidos del debido al desarrollo de la masa muscular. En efecto, hay que recordar que es sensiblemente diferente el peso de las grasas del de las fibras de los músculos. Además, el IMC tampoco tiene en cuenta la propia constitución física de la persona. Todo ello hace que este parámetro resulte poco fiable en determinados contextos:

–          Una persona presenta un exceso de grasa en su organismo, sin que ello redunde en un aumento de peso. Según su IMC, su estado de salud será bueno a pesar de que, en realidad, corra un riesgo elevado de sufrir accidentes cardiovasculares, por ejemplo.

–          Una persona posee una mayor concentración de masa muscular en su organismo gracias, normalmente, a la práctica de ejercicio físico regular. Al aplicar la fórmula del índice de masa corporal, puede que se establezca, erróneamente, que su peso no es el más saludable. Resultaría totalmente contradictorio, teniendo en cuenta que se trata de un deportista.

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IMC. Índice de masa corporal

Por eso, y a pesar de que el IMC es a día de hoy un valor muy extendido, habría que intentar relativizar su validez. Son muchas las voces que reclaman la incorporación de otros valores como la distribución de la grasa corporal en el paciente y ciertos datos relativos a los hábitos de vida del mismo para obtener una perspectiva global y más certera de su estado de salud.

El índice de masa corporal puede, en todo caso, servir como punto de partida de un diagnóstico más amplio. Su utilidad como referencia es indudable, pero puede resultar confuso o equívoco si se emplea como criterio aislado. Hay que recordar que cualquier valoración médica es el resultado de una exploración compleja.

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